Existen muchas contradicciones en cuanto a los beneficios reales que aporta a nuestro organismo tomar leche de vaca.

 

Algunos médicos de la salud y especialistas sostienen que es uno de los alimentos más completos, fuente natural de calcio, proteínas y aminoácidos esenciales para nuestra dieta.
Mientras otros, dicen que los números de personas con intolerancias y alergias a la lactosa están en aumento, que sería una muestra de que la leche es realmente mala para nosotros. ¿Quién está en lo cierto? ¿A qué nuevos estudios debemos hacer caso?

Existen dos enzimas, la renina y la lactasa, que son las encargadas de descomponer y hacer digestible la leche de vaca. Dichas enzimas, en casi todos los seres humanos, dejan de producirse alrededor de los tres años. Cuando la leche entra al organismo y no encuentra dichas enzimas, sucede que el estómago tiene que hacer esfuerzos considerables por digerirla, y, a pesar de su enorme trabajo para que el alimento sea asimilado, no lo consigue del todo, así que la leche se queda en los intestinos adherida como una especie de pasta difícil de remover.

Con el tiempo, estas adherencias se fermentan, se secan, se hacen una especie de costra que, con los años, da lugar a severas innumerables enfermedades, entre las cuales encontramos problemas de la tiroides, diabetes, alergias de todo tipo, intolerancia a ciertos alimentos, excesos de flemas y mucosidades, tos y catarro, etc.

Por otro lado la dietista Isobel Skypala (jefa en el Hospital Real de Brompton en Londres) dice que necesitamos beber la leche como parte de una dieta equilibrada sana, y que no debe faltar dentro de los alimentos vitales. Que mucha gente puede decidir no beberla – como los vegetarianos – pero que no aconseja eliminarla de una dieta a menos que haya una razón válida, como una alergia diagnosticada.

Skypala, sostiene que eliminar un grupo de alimento en nuestra dieta puede hacer mas probable la reacción a ella. “Si cortas algo de tu dieta, y entonces por error te expones a ella repentinamente, eres más probable de tener una reacción alérgica que si te expusieras en todo momento.”

En contra posición se encuentra el experto de alergias y profesorJonatán Brostoff (autoridad principal en alergias e intolerancias del alimento, del King’s College, Londres) dice: “¡Somos la única especie que continúa bebiendo la leche después de que hayamos parado el amamantamiento y somos la única especie que bebe la leche de otras especies!”.

Según el profesor Brostoff el 75% de la población del mundo – encontrada principalmente en la India, África y China – no producen la enzima después de la edad de 11 o 12 años, haciéndolos intolerantes a la leche. “Es solamente en Europa occidental y América que podemos tolerar la leche siendo adultos debido a una mutación genética.”

Si la mayoría de los seres humanos somos intolerantes a la lactosa, el profesor Brostoff apoya la idea de eliminarla de la dieta. “La gente puede sufrir de empalmes de dolor crónicos o de un estómago hinchado por años y pensar que es normal. Pero cuando cortan la leche se sienten un millón de veces mejor”.

Una opinión más drástica al hablar de la leche de vaca, fue la del doctorSantiago de la Rosa (presidente de la Comisión de Medicina Naturista del Colegio de Médicos de Madrid). Explicando que dos de las proteínas de la leche, la caseína y la gammaglobulina bovina, son altamente inmunogénicas, lo que significa que generan demanda en el sistema inmunitario, lo “agotan” haciéndolo más vulnerable.

Las proteínas difíciles de digerir como la caseína, son absorbidas en el flujo sanguíneo y contribuyen al desarrollo de una variedad de enfermedades relacionadas con la autoinmunidad, incluyendo artritis reumatoide, lupus, cánceres.

Es difícil decidir con puntos de vista tan opuestos y que a su vez provienen de profesionales de la salud. El cuerpo va mutando por sucesos naturales y a la vista está que también por inducción de hábitos que para nosotros son “normales o adecuados”. Tendremos que aprender a decidir y a informarnos, para poder hacerlo correctamente.