Un horripilante hallazgo ha vuelto a poner en tela de juicio no ya la profesionalidad, sino la humanidad, de los hospitales chinos, que más que curar a sus pacientes se dedican a atiborrarlos de medicinas y coserlos y descoserlos a base de operaciones para engordar la factura.
El último escándalo acaba de ocurrir en la provincia costera de Shandong, donde han aparecido los cuerpos de 21 bebés y fetos en el río Guangfu, a las afueras de la ciudad de Jining. Según informan los medios chinos, ocho cadáveres aún llevaban atados a los tobillos las tarjetas de identificación del centro médico donde habían fallecido, el Hospital Afiliado a la Universidad de Jining. Uno de ellos, además, había sido arrojado al río en una bolsa amarilla para residuos médicos y otro tenía adherida una pegatina con sus datos donde rezaba: “Varón. Nombre de la madre: Man Hongmei. Nacido en abril de 2009”.
Cubiertos por el barro en la sucia orilla del río, los cuerpos en estado de descomposición fueron encontrados por los vecinos bajo el puente de una autopista. De inmediato, las tarjetas de identificación llevaron a la Policía al Hospital Afiliado, donde han sido cesados tres de sus responsables y detenidos dos trabajadores de la morgue, Zhu Zhenyu y Wang Zhijun.
Al parecer, ambos habían cobrado dinero a las familias de los bebés muertos para encargarse de los cuerpos. Pero, en lugar de incinerarlos o enterrarlos, los tiraron al río sin molestarse siquiera en quitarles sus tarjetas de identificación.
“Este caso revela un grave fallo en la gestión del hospital e indica una falta de ética y responsabilidad legal en algunos de sus empleados”, explicó a la agencia estatal de noticias Xinhua el portavoz de la Policía de Jining, Gong Zhenhua, quien también admitió que “tendrá un impacto muy negativo en la sociedad, pero nos enseñará una gran lección”.
En los foros de internet, miles de comentarios braman contra los dos empleados del hospital detenidos y su falta de humanidad. “No tienen conciencia ni moral y deberían ser fusilados”, critica uno de ellos.
Al margen de la indignación social, este caso no se entiende sin la macabra costumbre, aún generalizada en el campo, de deshacerse de las hijas nada más nacer. Debido a la política del hijo único, los campesinos de las pobres zonas rurales prefieren tener varones porque éstos se harán cargo de los padres cuando sean mayores, mientras que las hijas se marcharán a vivir a la casa del marido.
Para controlar la natalidad en el país más poblado del mundo, el régimen chino impone desde principios de los 80 la prohibición de tener más de un vástago en las ciudades, y dos en el campo si el primero en nacer ha sido una niña.
Esta ley, cuestionada tras haber evitado 200 millones de nacimientos, ha provocado un grave desequilibrio de género por la preferencia de las familias por tener hijos varones. Así, las madres abortan en caso de esperar una niña o éstas son asesinadas, abandonadas en los hospicios o vendidas al nacer.

NO HABRIA Q SORPRENDERCE ESTO PASA TODOS LOS DIAS EN PAISES BASURA COMO ESE.