El obispo irlandés John Magee, que desempeñó labores como secretario privado de tres papas, es el último alto cargo de la Iglesia católica en perder su puesto por el escándalo de los abusos sexuales que ha sacudido a Irlanda. Magee renunció a su cargo hace un año tras un informe de la Iglesia en el que se criticó la forma en que condujo los casos de abusos sexuales de dos sacerdotes pedófilos en la diócesis de Cloyne, en el sur de Irlanda. Su renuncia fue aceptada ayer por el Papa.

El informe, elaborado en marzo del 2009, era devastador. Entre otras cosas indicaba que «no existen pruebas de que los riesgos fueran debidamente identificados o gestionados, con lo cual se expuso a los jóvenes a un mayor daño». El informe también indicaba que las autoridades eclesiásticas locales no habían logrado limitar el acceso a menores de aquellos que habían sido denunciados por abusos sexuales con anterioridad. Entre los años cincuenta y ochenta se cometieron miles de abusos.


Vergüenza y remordimiento

Un breve comunicado del Vaticano decía ayer que «Su Santidad el papa Benedicto XVI ha aceptado la dimisión del reverendo John Magee, obispo de Cloyne». Su renuncia sigue a la publicación el fin de semana de una carta pastoral del Papa dirigida a la Iglesia de Irlanda, en la que el Pontífice manifestó «la vergüenza y el remordimiento» de toda la Iglesia, y condenó a las autoridades eclesiásticas de ese país por su pasividad ante las denuncias de pederastia.


Pide disculpas

Tras la aceptación de su renuncia por el Papa, Magee ofreció sus «sinceras disculpas» por sus acciones, y pidió perdón a las víctimas de los abusos. «Quiero ofrecer una vez más mi más sinceras disculpas a cualquier persona que haya sufrido abusos por un sacerdote de la diócesis de Cloyne durante mi tiempo como obispo o en cualquier momento», dijo Magee.

El cardenal Sean Brady, máximo cargo de la Iglesia de Irlanda, agregó que, en sus pensamientos «se encuentran aquellos que han sufrido abusos por parte del clero y todos aquellos que se sienten enojados y defraudados por la respuesta a menudo insuficiente ofrecida por la jerarquía eclesiástica». El propio cardenal Brady ha sido acusado de encubrir abusos sexuales.

Otros dos obispos de Irlanda han ofrecido su renuncia en relación con la investigación sobre abusos de menores en Dublín.